Ser médico es más que saber medicina. 
Además de profesión es un compromiso con la comunidad, con personas y familias concretas, en entornos cercanos y con valores humanos y profesionales de la medicina.
Por ello ser médico es más que saber medicina.
El termino vocación ha tomado diversos significados en la cultura contemporánea poniendo siempre en el centro, con diversas modalidades, a la persona. Pro vocación se entiende en primer lugar el “proyecto de vida” que elabora cada uno sobre la base de sus múltiples experiencias y en la confrontación con un sistema coherente de valores que dan sentido y dirección a la vida del individuo.
En el terreno religioso, vocación indica la llamada por parte de Dios, como iniciativa suya amorosa, y la respuesta de la persona en un dialogo amoroso de participación corresponsable.
El problema de la vocación se presenta por tanto, como una realidad compleja. Para poder ser entendido completamente, debe considerarse por tanto desde un doble punto de vista: por parte de Dios y por parte del hombre.
Vista desde la perspectiva de Dios, la vocación se presenta como la iniciativa de Dios que se da y que al darse llama.
Por parte del hombre, la vocación es una invitación, una interpelación a la que hay que dar una respuesta.
La vocación se define como: “Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera”. Indudablemente la vocación de ayudar o de curar esta en los inicios de todo médico y de ella se tira para aguantar una carrera de 6 años, tres o cinco años de especialización como médico interno residentes y un largo y truculento peregrinar por contratos, oposiciones, cursos y seminarios: lo que hoy se llama formación continuada; que quiere decir que todo lo que aprendes tiene una fecha de caducidad cada vez más corta.
Cuando te quejas de que tienes unos horarios que no te permiten disponer del tiempo libre del resto de los mortales o que llevas 15 años de trabajo sin compensacion economica y a veces ni social, siempre sale algún capullo que dice: “¡no te quejes que eso lo haces por vocación!”
La vocación la administra uno mismo cuando quiere y dónde quiere, pero no es exigible por los demás ni siquiera es un requisito para ser médico como no lo es para muchas otras profesiones.
Si queremos seguir creyendo que ser médico es un trabajo especial para el que hace falta una voluntad de curar o paliar las enfermedades de las personas independientemente de su raza, religión, opción política, condición social, a pesar de que te caiga mal o que pienses que su vida no merece la pena: respetemos la vocación de cada uno y no la usemos como arma arrojadiza